Colegios con alta matrícula de niños inmigrantes revelan sus principales desafíos y levantan soluciones

Inmigrantes ::: Ajustar temas de ciertas materias para que todos entiendan, cambiar modismos chilenos por un español neutro o convencer a un niño que sacarse un siete es igual de bueno que tener un 10 son solo algunos de los retos. Para abordarlos, los colegios piden más horas no lectivas, que se usen para reflexionar. Más de 100 mil niños extranjeros estudian hoy en Chile, lo que representa 3,2% de la matrícula total. Regeberlie Joseph tiene 13 años, está en 7° básico de un colegio municipal en Peñalolén y hasta hace dos años asistía a clases sin entender lo que sus profesores le decían: venía recién llegando de Haití y no hablaba nada de castellano. “Me demoré casi ocho meses en aprenderlo bien“, cuenta.

Para que no se atrasara, su colegio pidió a un traductor que la acompañara mientras estudiaba. A las sesiones se fueron sumando otros compañeros que estaban en su misma situación.

Como el de Regeberlie, son varios los colegios chilenos que han tenido que adaptarse para recibir y educar a niños migrantes. El fenómeno ha sido especialmente fuerte en los últimos tres años, porque de una matrícula extranjera que sumaba a 30.625 niños en 2015, se pasó a una de 113.585 en 2018. Es decir, se cuadruplicó el número de escolares migrantes en el país.

Conscientes de la rapidez con que aumenta el número de extranjeros en las salas de clases, el área de Educación e Interculturalidad del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) creó en 2017 el programa Migración y Escuela. Su objetivo es avanzar hacia la formación de escuelas interculturales donde se promuevan el diálogo y el intercambio cultural, entregando buena educación a todos sus estudiantes.

Durante el último año, y como primer paso para llegar a esta meta, el programa se centró en analizar el caso de cinco escuelas con un promedio de 29% de matrícula migrante: dos de Santiago, una de Arica y otras dos de Antofagasta. La mayoría de los alumnos extranjeros que reciben son de origen peruano, colombiano, venezolano o haitiano.

Un objetivo fue definir participativamente -con representantes de toda la comunidad educativa- los desafíos que representa la migración dentro de las escuelas. Después vendría una segunda pregunta: sobre la base de su propia experiencia, ¿qué recomiendan para solucionarlos?

Sucesos paralelos

Los principales desafíos se dividieron en áreas. En el caso de los retos académicos, destaca la necesidad de adecuar los contenidos educativos. “Los docentes señalaron que es importante aumentar las horas no lectivas con el fin de promover espacios de reflexión entre pares, lo cual traerá intercambio de ideas, dando paso a la elaboración de estrategias de enseñanza más contextuales a cada escuela y territorio”, comenta Pablo Roessler, sociólogo del SJM. “Si esto se diera de esa manera, se podrían multiplicar ideas como las que han puesto en marcha algunos docentes de Historia y Geografía, quienes, al reconocer la importancia de reevaluar el currículo, se vieron abocados a comprender los sucesos paralelos a los que han ocurrido en la historia de Chile, en los países de origen de sus estudiantes, y así vincularlos al plan de estudios”.

En 2019 la proporción de horas lectivas versus no lectivas será de 65% y 35%, respectivamente.

En el caso de los desafíos en convivencia escolar, es clave erradicar expresiones de racismo y xenofobia. Thais Marín, nutricionista del Instituto Superior de Comercio de Antofagasta, destaca que en los colegios aún es común ver grupos divididos según su nacionalidad. Especialmente en los recreos.

“Se pueden visualizar grupos separados. Es decir, en su mayoría, extranjeros se juntan con extranjeros y chilenos con chilenos”, coincide la asistente social de la institución, Paula Lewis.

En la investigación elaborada por el programa destaca el caso de un colegio al norte del país que luego de varios encuentros propuso que un porcentaje del centro de estudiantes fuera integrado por migrantes, para que así tuvieran mayor participación y representación.

¿Otoño?

Dentro de los desafíos culturales se percibió como relevante el de la diferencia comunicacional. Aunque no entender español es el caso más extremo, también pasa que estudiantes que hablan castellano no siempre entienden los modismos locales: no es raro que los profesores de estudiantes extranjeros tengan que cambiar su forma de comunicarse hacia un español mucho más neutral, indica Ricardo Bravo, encargado del comité de interculturalidad del Liceo Confederación Suiza de Santiago.

Otro desafío cultural común -dice- es que los niños no entienden bien el sistema de calificación chileno. Sacarse un siete en un examen les suena como un mal resultado. “En otros países llegan a 10 o 20. Entonces todavía pasa que se sienten mal aunque sepan que es la nota alta”.

Roessler y su equipo sugieren crear protocolos de acogida para “orientar a las familias en temas relacionados con el funcionamiento de la escuela, sobre el sistema educacional chileno, la homologación de estudios y además, en temas relacionados con la regularización migratoria”.

Ricardo Bravo advierte que no basta con solo escribir protocolos, sino que además asegurar que las familias efectivamente los entiendan. En su colegio se tomó la decisión de “implementar las visitas a domicilio, porque muchos papás trabajan y es difícil encontrar un horario para que vengan al colegio. Para eso hemos tenido que liberar horario de la dupla psicosocial”, explica.

“Hay que dar la bienvenida, pero no solo mostrando la banderita o el pie de cueca”, agrega.

En ese sentido, conversar es fundamental. Porque aunque es importante explicar temas de papeleo, si lo que se busca es adecuar las clases para que los niños aprendan mejor, igual de importante es darse el tiempo de escuchar. “Pasa que a veces los profesores hablan del otoño, y resulta que los niños colombianos no entienden de lo que uno está hablando, porque en Medellín y Cali llueve con temperaturas altas”.